Corría el año 600. Se ignora el mes, el día y la hora, pero debió de ser durante la primavera, poco después del amanecer. De pronto, un aterrador estallido hizo que los habitantes de la pequeña aldea huyeran despavoridos.

El volcán Laguna Caldera acababa de hacer erupción. Nadie tuvo tiempo de llevarse nada porque una gruesa capa de cenizas volcánicas cubrió las casas. Trece erupciones posteriores borraron todo rastro del pequeño pueblo.

Pasaron casi 1400 años. Un día de 1976, una potente excavadora que abría un camino encontró la primera evidencia de la zona arqueológica, la cual fue bautizada con el nombre de Joya de Cerén. Se ubica a 35 km de la capital salvadoreña.

Desde entonces, arqueólogos estadounidenses y salvadoreños han descubierto 67 estructuras, de las cuales sólo 17 han sido estudiadas con meticulosidad.

Joya de Cerén: la Pompeya del mundo maya

Joya de Cerén destaca por ser la zona arqueológica más completa de una aldea maya. “Gracias a las cenizas volcánicas, todo quedó en su lugar. Es como si tuviéramos una ‘instantánea’ de la vida campesina y artesanal de los mayas del período clásico“, ha dicho uno de los arqueólogos que exploran el lugar.

Gracias a Joya de Cerén, los arqueólogos disponen de una verdadera “instantánea” de la vida diaria de sus habitantes. Varias mujeres se encontraban cocinando en el momento de la erupción.

El lugar es uno de los principales atractivos de la civilización maya en El Salvador. Así, con el auxilio de guías locales, el visitante puede conocer los restos de esta aldea maya, declarada patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO en 1993.

Especial “El legado maya, las zonas arqueológicas de El Salvador”:

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