Esta localidad es una prueba de que en territorio salvadoreño hubo centros religiosos importantes entre los años 300 y 800. Aunque se supo de su existencia en 1940, el sitio permaneció prácticamente desconocido e inexplorado hasta 1977, cuando se intensificaron las excavaciones.

Se llega por un camino que entronca con la carretera Panamericana, a unos 32 km al occidente de San Salvador, la capital.

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La parte principal incluye 15 montículos que datan de aproximadamente el siglo VIII. Destaca el corazón de este centro ceremonial: la Estructura 7, una pirámide con una escalinata al poniente que lleva a dos plazas. Los trabajos arqueológicos permitieron estudiar tanto las técnicas de construcción como los materiales empleados; así se demostró que había una clara relación con otras ciudades mayas, particularmente con Tazumal.

Especial “El legado maya, las zonas arqueológicas de El Salvador”:

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