El nacimiento de la literatura latina

Mosaico romano representativo del teatro
Mosaico representativo del teatro romano, siglo II a. de C. Museos capitolinos.

VARLDHISTORIA, TOMO III ROMA, CAPÍTULO III EXPANSIÓN ROMANA EN LOS EXTREMOS DEL MEDITERRÁNEO. POR CARL GUSTAF GRIMBERG.

VER ÍNDICE GENERAL DE LA OBRA POR CAPÍTULOS.

  1. Plauto y el teatro popular.
  2. Terencio y la comedia cortesana.

Los más antiguos textos latinos conservados son fórmulas jurídicas; no obstante, tienen un ritmo que hechiza, indicio que tales leyes, antes de grabarse en madera o bronce, tal vez se aprendían de memoria. Suelen contener alteraciones, asonancias e incluso rimas. «La primitiva prosa latina, en sus humildes principios -observa Pierre Grimal-, se asimila a la poesía espontánea; lo que los romanos llamaban carmen es, a veces, ritmo de lenguaje, y otras, gesto ritual de ofrenda, repetición mágica, lazo sonoro que envuelve lo real.» Por otra parte, los escritores latinos nunca tendieron inicialmente hacia la contemplación griega de los esplendores metafísicos. Su vocabulario no se lo permitía tampoco.

En el año 272 antes de Cristo, la opulenta Tarento, apellidada la Atenas de Italia, cayó en poder de Roma. Entre los miles de prisioneros conducidos a Roma como esclavos, se hallaba un muchacho muy precoz, que fue manumitido por su dueño y adoptó el nombre de Livio Andrónico. Dedicado a la enseñanza, oficio propio de esclavos o libertos, el tarentino contribuyó a la helenización de la elite romana y a pulir la lengua latina. En el año 240 a. de C. escribió la primera tragedia «romana» representada en los Ludi o Juegos romanos. Años más tarde llamó la atención de lectores y oyentes con una traducción latina de la Odisea en métrica griega. Al mismo Andrónico, ya anciano venerable, se confió en 207 a. de C. la tarea de componer el himno en honor de Juno Reina, con ocasión de la victoria de Metauro.

Unos años más joven que Livio Andrónico era el poeta Nevio, nacido en la Campania y educado a la griega. Como su antecesor, representó juegos escénicos con temas extraídos del repertorio griego. Pero su principal obra es una epopeya imitada de la Ilíada de Homero, una crónica versificada de la primera guerra púnica.

La obra de Nevio fue continuada por Ennio, quien fue poeta oficial de Roma y autor de Anales, especie de crónica romana. Contemporáneos suyos fueron Plauto y Terencio, los cuales dieron forma romana a las obras de la nueva comedia.

Plauto no era un esteta. Adaptó la comedia griega a los gustos sencillos y más bien rudos del público romano. Debió su éxito a la vivacidad de su lengua y a los chistes, a veces groseros; con que salpicaba el texto de sus modelos griegos. Era amigo de los esclavos, parásitos y mercaderes y su lenguaje era enérgico y verboso, aunque sus metáforas son inigualables.

Nevio y Ennio habían forjado el estilo elevado de la poesía épica; Plauto creó la lengua familiar de la comedia. La mayoría de sus obras son comedias de intriga, como Mostellaria (El Fantasma). También escribió comedias de carácter, como Miles gloriosos (El soldado fanfarrón), el modelo de Falstaff en la obra de Shakespeare, y Auluraria (La olla), en que se inspiró Moliere para escribir El avaro. En Epídico aparecen las modas femeninas actualizadas y en los Menechmi (Los gemelos) abundan los enredos cómicos.

Terencio y la comedia cortesana.

Terencio, llamado El Africano, pasó durante su niñez de África a Roma, donde fue esclavo de un senador que, sorprendido de sus dotes, le dio esmerada educación y luego la libertad. Su exquisito gusto le franqueó los círculos más cultos de Roma, entre los íntimos de Escipión el Joven. Ofreció a su público creaciones algo más selectas que los personajes burlescos de Plauto. En las obras de éste, las situaciones y peripecias cómicas son el elemento principal; en Terencio, la sicología es más importante que la acción. Por tal motivo, la crítica aprecia más sus obras que las de Plauto, que están, sin embargo, llenas de vida.

La mejor comedia de Terencio es Adelphi (Los hermanos), adaptación de Menandro, corro la mayoría de sus obras. Dos hermanos reciben una educación diametralmente opuesta. Uno es educado por un padre severo y rudo, Demea; el otro, por Mición, un honrado pariente que lo ha recogido. Mición es partidario que la juventud se divierta y tenga expansión alguna vez. Indica así su método educativo:

Mición- He sido espléndido, benigno, y no consideré necesario fiscalizar sus actos. Así, le acostumbré a revelarme esas travesuras de mozos que otros ocultan a sus padres. Porque quien se habitúa a engañar o a burlar a su padre, sin duda se atreverá a hacerlo con otros.

Estas razones se parecen mucho a las que Moliere pone en boca de Ariste en la Escuela de maridos:

No me escandalicé de las travesuras,
He consentido siempre sus juveniles deseos.
Y, gracias a Dios, no me he arrepentido nunca.

Pero el hijo adoptivo de Mición anda en tratos con una hetaira y ello parece favorecer la opinión de Demea. Tal cosa no sucederá nunca al hijo que él, Demea, ha educado; y se vanagloria de ello.

Siro- Mucho os distinguís, Demea… Tú eres, de pies a cabeza, la sabiduría personificada; él, la ceguera. ¿Permitirás que haga tu hijo tales cosas?
Demea- ¿Permitírselo? Seis meses antes que maquinase algo, ya lo habría olido.

Así se pavonea cuando el adulador esclavo le lisonjea los oídos: su hijo es un modelo de virtud comparado con el mal andante de su hermano. Aún más: este dechado de virtud reprendió indignado a su hermano culpable con severas palabras:

Siro- Oh, no se calló, no. Estaba Esquino contando dinero y aparece de improviso nuestro hombre y empieza a gritar: ¡Oh, Esquino! ¿Tú haciendo tales maldades? ¿Tú acarrearás tanta infamia sobre nuestra familia?
Demea- ¡Oh! ¡Lloro de alegría!
Siro- «No derrochas ahora sólo tu dinero, sino también tu vida», le dijo.
Demea- ¡Los dioses le protejan! Confío en que se parezca a sus antepasados.
Siro- ¡Y tanto!
Demea- ¡Oh, Siro! ya está harto empapado de tales consejos.
Siro- Sin duda, no necesita salir de casa para ser bien adoctrinado.
Demea- Así lo procuro sin descanso, no le dejo pasar cosa alguna; lo amonesto, en fin, lo hago estudiar las vidas ajenas como en un espejo, y tomar ejemplo. «Hazlo así», le digo.
Siro- Prudente cosa, en verdad.
Demea- “Huye de esto o de aquello»…
Siro- Obras con mucha previsión.
Demea.- «Esto es recomendable»…
Siro- ¡Así es!
Demea- «Y esto otro es digno de vituperio».
Siro- ¡Excelente!
Demea- «Y además»…
Siro- ¡Por Hércules! Ahora no tengo tiempo de escucharte; he comprado mi pescado favorito y tengo miedo que se estropee…

Demea se apresura a visitar a su hermano y allí se entera de algo increíble: su propio hijo, el modelo de virtud, era quien estaba enzarzado con la hetaira y había provocado el escándalo, mientras que el hijo adoptivo de Mición había tenido la abnegación de atribuirse toda la culpa.

En otra obra de Terencio, un parásito teje una excelente intriga en la comedia que lleva su nombre (Formión). Se trata de uno de tantos ociosos que consiguen sacar provecho gracias a su ingenio; no tiene igual para halagar y divertir a la gente. Dilapidó todos sus bienes en el juego, pero aún vive bien gracias a los recursos de amigos ricos cuyas casas visita de vez en cuando. Trama la boda del hijo de un amigo con una joven de la que está enamorado, pese a la oposición
del suegro, viejo obstinado y avaro.

Retrato antiguo de un hombre y portada de un libro
Profesor Carl Grimberg y la portada del tomo III de su Historia Universal.

VARLDHISTORIA, TOMO III ROMA, CAPÍTULO III EXPANSIÓN ROMANA EN LOS EXTREMOS DEL MEDITERRÁNEO. POR CARL GUSTAF GRIMBERG.

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