Una de las bellas y letales serpientes del norte de Suramérica y Centroamérica, nos hemos encontrado recientemente con un individuo de la ssp. rozei, propia de los hábitats secos del Cesar, La Guajira y el Zulia, durante una de nuestras guianzas en el Ecoparque Los Besotes, de Valledupar.

La fotografía que ilustra ésta nota ha llamado la atención de expertos como el profesor Carlos Bran, ecólogo y empresario del ecoturismo en la región de Urabá, quienes a través de redes sociales expresaron su sorpresa por la coloración que presenta el individuo.

Atendiendo a la descripción de la guía de campo Colombia Diversidad Biótica, publicada por la Universidad Nacional y Corpocesar (2011), la mapaná rabi-seca o patoco, como se le conoce comúnmente, es una serpiente pequeña, que puede crecer hasta 90 cm; su color es pardo claro, con manchas rectangulares más oscuras que se extienden lateralmente; su cabeza es de forma triangular, muy diferenciada del cuello. Aunque la publicación referida expresa que a esta especie “siempre se le mata por ser venenosa y peligrosa”, aquí debemos señalar que este paradigma ha cambiado mucho y ahora la sociedad (civiles y autoridades) está en el deber de proteger todas las especies silvestres, sin importar si son abundantes o “peligrosas”.

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